El peligro silencioso: jóvenes Asháninka de la Selva Central recorren comunidades para mantener viva la memoria de sus pueblos

Juventudes Asháninkas: El futuro de Akateyani en la cuenca del Río Tambo, Junin Peru

Por Impirita Samani
Mientras las amenazas contra los pueblos indígenas suelen asociarse con la minería ilegal, la tala de bosques o el narcotráfico, en la Selva Central del Perú un grupo de jóvenes Asháninka advierte sobre una de sus consecuencias menos visibles: la pérdida de la memoria, la lengua y los conocimientos ancestrales que durante generaciones dieron sentido a la vida en el territorio.
Esa preocupación dio origen a Akateyani Nosháninka, un espacio de encuentro, memoria, territorio y espiritualidad impulsado por jóvenes Asháninka del valle del Perené, en la región Junín. Que significa "Unámonos cada día más, hermanos" y busca fortalecer el vínculo entre las nuevas generaciones y los saberes heredados de sus mayores.
Entre el 5 al 30 de septiembre de 2025, seis jóvenes, un niño y un equipo audiovisual recorrieron las comunidades nativas de San Miguel Centro Marankiari, Chembo, Betania, Oviri y Boca Kiatari, ubicadas en las cuencas de los ríos Perené y Tambo. El recorrido combinó viajes por carretera y transporte fluvial para dialogar con autoridades comunales, sabios, artesanas y familias que mantienen viva la memoria de sus pueblos.

Durante las visitas se realizaron conversatorios, encuentros comunitarios, fogatas, jornadas de pesca, presentaciones de música tradicional y espacios de diálogo alrededor del masato. Más que actividades, fueron momentos para escuchar a los mayores, quienes recordaron una época en la que la lengua asháninka, los cantos, la medicina tradicional y las visitas entre comunidades eran las principales formas de transmitir el conocimiento.

"Estamos sembrando una semilla. Abrimos este camino con el propósito de volver a visitarnos, fortalecernos y unirnos como pueblos originarios", afirma Okosho Samaniego, uno de los jóvenes que impulsa Akateyani Nosháninka.

Integrantes de la organización Akateyani durante el encuentro en la CC. NN. Oviri, Río Tambo.

En la comunidad nativa de Betania, los participantes visitaron el santuario del petroglifo ancestral y la laguna formada por el río Samaereni. En San Miguel Centro Marankiari recorrieron Sonkari Panko, uno de los lugares sagrados más importantes para el pueblo Asháninka del valle del Perené. Estos espacios permitieron reflexionar sobre la estrecha relación entre territorio, memoria, identidad y espiritualidad.

Okosho en el santuario natural de Betania (río Samaireni), Río Tambo, Perú.

A lo largo del recorrido surgió una preocupación compartida entre jóvenes y mayores: cada vez son más los jóvenes que se alejan de su identidad; no quieren hablar su idioma ni vestir su ropa tradicional, no reconocen especies de árboles y animales, desconocen y tampoco comprenden el significado espiritual de los lugares sagrados. La migración, los cambios en las formas de vida y el distanciamiento entre comunidades han debilitado la transmisión de estos conocimientos.

"Tenemos sabios dentro de nuestras comunidades y son ellos quienes deben guiarnos. Será un trabajo largo sensibilizar a la población para que vuelva a valorar y recuperar lo nuestro", sostiene Reyder Santillán, vicejefe de la comunidad nativa de Betania.

Para Tsinaki, joven líder de la comunidad nativa de San Miguel Centro Marankiari e impulsor de Akateyani Nosháninka, el fortalecimiento cultural depende del compromiso de las nuevas generaciones.

"La cultura Asháninka no está perdida; ha permanecido dormida y depende de nosotros volver a despertarla", afirma.

Aunque el recorrido concluyó en septiembre de 2025, el proceso continúa. El material registrado dará origen a un documental realizado junto a Make Believe Pictures, actualmente en su etapa final de producción, que busca visibilizar la importancia de transmitir los conocimientos ancestrales y fortalecer el diálogo entre generaciones.

Para quienes participaron, caminar entre comunidades fue mucho más que un viaje. Fue una oportunidad para reencontrarse con sus raíces y comprender que la defensa del territorio no consiste únicamente en proteger los bosques, los ríos o los lugares sagrados. También implica mantener viva la memoria, la lengua y los conocimientos que sostienen la identidad de los pueblos indígenas.

En un contexto donde la atención suele centrarse en las amenazas visibles que enfrentan los pueblos originarios, los jóvenes de Akateyani Nosháninka recuerdan que existen peligros menos evidentes, pero igualmente profundos. Cuando el conocimiento deja de transmitirse y las nuevas generaciones se alejan de su cultura, también se pone en riesgo la continuidad de un pueblo. Frente a ese desafío, su apuesta es volver a caminar el territorio, escuchar a los mayores y sembrar memoria para quienes ya estan viniendo.

Impirita Samani