San Miguel Centro Marankiari: la defensa del agua y los lugares sagrados en un territorio cada vez más reducido

La pérdida de bosques, la expansión agrícola y las amenazas a los espacios sagrados ponen en riesgo la supervivencia cultural y ambiental de esta comunidad Asháninka de la cuenca del Perené.

Por Impirita Samani

San Miguel Centro Marankiari, Junín, Perú. Rodeada por centros poblados y extensas áreas agrícolas dedicadas al cultivo de café, plátano y naranja, la comunidad nativa de San Miguel Centro Marankiari enfrenta una realidad cada vez más preocupante: la desaparición progresiva de sus bosques, la reducción de sus fuentes de agua y la amenaza constante sobre sus lugares sagrados.

Hace varias décadas, el territorio comunal estaba rodeado por bosques que albergaban animales, plantas medicinales y árboles de gran valor cultural y ecológico. Actualmente, gran parte de esos espacios han sido transformados por actividades agrícolas externas, dejando a la comunidad con pequeños remanentes de vegetación.

Uno de los principales puntos de preocupación es el único ojo de agua que abastece a aproximadamente 40 familias. Este manantial depende de un pequeño bosque que aún se conserva gracias al esfuerzo comunitario. Durante las épocas de sequía, la comunidad debe racionar el agua y limitar su uso a determinadas horas del día.

"La conservación de este pequeño bosque es fundamental porque sin árboles el agua desaparece", explican los comuneros.

Sonkari Panko: un lugar sagrado que sigue vivo

Entre los espacios más importantes para la comunidad se encuentra Sonkari Panko, un lugar sagrado que forma parte de la memoria, espiritualidad e identidad del pueblo Asháninka.

Para la cosmovisión Asháninka, estos lugares no son simples sitios históricos ni elementos simbólicos. Son espacios vivos donde habitan seres espirituales y deidades que mantienen una relación permanente con las personas y el territorio.

La comunidad considera que la protección de Sonkari Panko es tan importante como la protección del agua y del bosque, porque representa una parte esencial de su existencia como pueblo indígena.

Sin embargo, estos espacios enfrentan amenazas constantes. Hace dos años, una quema agrícola realizada por un colono vecino se salió de control e ingresó al territorio comunal, poniendo en riesgo tanto el lugar sagrado como jetoni asi como el bosque que protege el ojo de agua.

Juventud e identidad para defender el territorio

Ante estas amenazas, las juventudes de la comunidad han comenzado a asumir un rol más activo en la defensa territorial y cultural.

Una de las iniciativas más importantes es Akateyani, un espacio impulsado y liderado por jóvenes donde participan niños, jóvenes y adultos para compartir conocimientos tradicionales, música, arte, artesanía, espiritualidad y relatos ancestrales.

A través de este espacio se busca fortalecer la identidad cultural y garantizar que los conocimientos de los mayores continúen siendo transmitidos a las nuevas generaciones.

Un llamado a proteger la vida del territorio

La situación de San Miguel Centro Marankiari refleja una realidad que enfrentan muchas comunidades indígenas amazónicas: la pérdida progresiva de sus territorios, recursos naturales y espacios culturales.

Para la comunidad, proteger el bosque, el agua y los lugares sagrados no es únicamente una cuestión ambiental. Es una forma de garantizar la continuidad de la cultura, la espiritualidad y la vida misma de las futuras generaciones.

Porque para el pueblo Asháninka, el territorio no es solo tierra: es memoria, identidad, agua, espiritualidad y vida.